Tres generaciones y más de sesenta años de tradición.

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Tres generaciones y más de sesenta años de tradición dan testimonio del éxito de Delizia. La historia de la familia Gilart, que comenzó en un campo de trigo, marcó un antes y un después en la región de Sucs, situándola en el marco de la producción frutícola y cambiando incluso sus paisajes. 

Hace más de 60 años, los campos de cereal se extendían por toda la plana de Sucs, en la provincia de Lleida. Familias enteras se dedicaban al cultivo del trigo, la cebada, la alfalfa y el maíz, hasta que un visionario cambió el rumbo de su negocio y, con él, el de toda la localidad.

Enric Gilart era un pagès más de la zona, que cultivaba cinco hectáreas de trigo. Su campo, no obstante, tenía una peculiaridad que lo diferenciaba del resto: tres grandes cerezos que se alzaban entre el cereal y cada año producían más beneficios que todas las toneladas de trigo cosechadas. Cada árbol generaba casi 400 kilos de cerezas al año, así que Enric decidió lanzarse a la aventura y substituir el trigo por más cerezos como aquellos.

La decisión de Enric transformó su negocio y el del resto de sus vecinos. La fama de la calidad de sus cerezas y su buena acogida en el mercado se extendieron por la comunidad de Sucs y otros agricultores decidieron transformar sus campos de cereal en bancales de árboles frutales, cambiando para siempre el paisaje y la historia de la región.

 

Tres generaciones y más de sesenta años de tradición dan testimonio del éxito de Delizia.

“Las cerezas son una cosa viva, que cada año resulta distinta del anterior”, explica Josep Maria Gilart, nieto de Enric. A los tres años ya acompañaba a su abuelo hasta el pie de los tres cerezos que dieron lugar a Delizia. “Las bajas temperaturas, la escasez de lluvia o la llegada de la primavera hacen que cada temporada sea impredecible”, añade el responsable de la tercera generación. En este negocio familiar, todos sus miembros, desde pequeños, se vuelcan para conseguir el mejor resultado. “Siempre hemos intentado diferenciarnos del resto por el tamaño de las cerezas”, concluye.

Producir las cerezas más grandes de la región ha sido el reto de la familia Gilart desde que el abuelo Enric fundó la empresa. Mediante la poda, los abonos, el manejo y el mimo constante de los cerezos, se obtienen frutos de un tamaño considerablemente superior a los que se producen en el resto de las plantaciones.

Seis décadas después de su fundación, el negocio familiar de Delizia ha cambiado muy poco. Las cerezas siguen recolectándose a mano, mimándose cada día del año para obtener un tamaño y calidad superiores. Si bien los árboles son más pequeños que antaño, para evitar el uso de escaleras en el momento de la recolección, los Gilart siguen los pasos de Enric, anticipándose a las necesidades de la tierra, perpetuando las tradiciones y consolidándose día a día en el mercado.

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